Fuerza, POder y Energía

EL CÓDIGO DE ÉTICA DEL YÔGIN

In Aclaraciones, DeRose, Egrégora, Filosofía on abril 28, 2011 at 9:07 am

Elaborado por el Maestro DeRose, inspirado en los Yôga Sútra de Pátañjali.

INTRODUCCIÓN
Yôga es cualquier metodología estrictamente práctica que conduzca al samádhi.

I. AHIMSÁ
• La primera norma ética milenaria del Yôga es ahimsá, la no agresión. Debe ser entendido lato sensu.
• El ser humano no debe agredir gratuitamente a otro ser humano, ni a los animales, ni a la naturaleza en general.
• No debe agredir físicamente, ni por palabras, actitudes o pensamientos.
• Permitir que se perpetre una agresión, pudiendo impedirla y no haciéndolo, es ser cómplice del mismo acto.
• Derramar sangre de animales o infringirles sufrimiento para alimentarse de su carne muerta constituye barbarie indigna de una persona sensible.
• Escuchar una acusación o difamación y no abogar en defensa del acusado indefenso por ausencia constituye confesión de connivencia.
• Más grave es la agresión por palabras, actitudes o pensamientos, cometida contra otro practicante de Yôga.
• Inexcusable es dirigir esa conducta contra un profesor de Yôga.
• Sumamente condenable sería que un procedimiento hostil fuera perpetrado por un profesor contra uno de sus pares.
Precepto moderador:
La observancia de ahimsá no debe inducir a la pasividad. El yôgin no puede ser pasivo. Debe defender enérgicamente sus derechos y aquello en lo que cree.

II. SATYA
• La segunda norma ética del Yôga es satya, la verdad.
• El yôgin no debe hacer uso de la no verdad, sea ella en forma de mentira, sea en forma de equívoco o distorsión en la interpretación de un hecho, sea en la de omisión ante una de esas dos circunstancias.
• En consecuencia, escuchar rumores y dejar que sean divulgados es tan grave como hacerlos circular.
• El rumor más grave es el que se genera de buena fe, por falta de atención a la fidelidad del hecho comentado, ya que una no verdad dicha sin malas intenciones tiene más credibilidad.
• Emitir comentarios sobre hechos o personas, sin el respaldo de la verdad, expresa inobservancia de la norma ética.
• Practicar o transmitir una versión no auténtica de Yôga constituye ejercicio de la no verdad.
• Ejercer el oficio de instructor de Yôga sin tener formación específica, sin habilitación mediante evaluación de autoridad competente o sin autorización de su Maestro, constituye acto ilegítimo.
Precepto moderador:
La observancia de satya no debe inducir a la falta de tacto o de caridad, bajo el pretexto de tener que decir siempre la verdad. Hay muchas formas de expresar la verdad.

III. ASTÊYA
• La tercera norma ética del Yôga es astêya, no robar.
• El yôgin no debe apropiarse de objetos, ideas, créditos o méritos que sean debidos a otro.
• Es evidente que, al hacer uso en clases, entrevistas a órganos de comunicación y textos escritos o grabados, de frases, definiciones, conceptos, métodos o símbolos de otro instructor, su autor debe ser siempre honrado a través de la cita y/o derecho de autor, conforme el caso.
• Es deshonesto prometer efectos que el Yôga no puede proporcionar, así como ofrecer beneficios exagerados o irreales y, principalmente, curas de cualquier naturaleza: física, psíquica o espiritual.
• Un instructor de Yôga no debe robar alumnos a otro instructor.
• En consecuencia, será antiético que un instructor se instale para dar clases en las proximidades de otro profesional de la misma línea de trabajo, sin consultarlo previamente.
• Se considera deshonesto que el instructor cobre precios irrisorios, pues, además de desvalorizar la profesión, estará robando el sustento a los demás instructores que se dedican exclusivamente al Yôga y necesitan vivir con dignidad y sustentar a sus familias como cualquier otro ser humano.
• Ese procedimiento estaría, además, robando a la Humanidad el patrimonio cultural del Yôga, ya que sólo podría enseñarlo a precios innobles quien tuviera otra forma de sustento y, por lo tanto, no se dedicara a tiempo integral al estudio y auto-perfeccionamiento en esta filosofía de vida, lo que culminaría en una gradual pérdida de calidad hasta su extinción total.
Precepto moderador:
La observancia de astêya no debe inducir al rechazo de la prosperidad cuando ésta representa mejor calidad de vida, salud y cultura para el individuo y su familia. Con todo, la opulencia es un robo tácito.

IV. BRAHMÁCHARYA
• La cuarta norma ética del Yôga es brahmáchárya, la no disipación de la sexualidad.
• Esta norma recomienda total abstinencia de sexo a los adeptos del Yôga Clásico y de todas las corrientes no tántricas.
• El yama brahmáchárya no obliga al celibato ni a la abstinencia del sexo a los yôgins que siguen la línea tántrica.
• La sexualidad se disipa por la práctica excesiva de sexo con orgasmo.
• El yôgin o yôginí que haya conquistado progresos en su calidad de energía mediante las prácticas y la observancia de estas normas, deberá preservar su evolución.
Precepto moderador:
La observancia de brahmáchárya no debe inducir al moralismo, puritanismo, ni al distanciamiento o la falta de afecto entre las personas, ni usarse como pretexto para huir al contacto íntimo con su compañero o compañera conyugal.

V. APARIGRAHA
• La quinta norma ética del Yôga es aparigraha, la no posesividad.
• El yôgin no debe ser apegado a sus bienes y, menos aun, a los de los demás.
• Muchos de los que se “desapegan” están apegados al deseo de desapegarse.
• El verdadero desapego es el que renuncia a la posesión de los seres queridos, tales como familiares, amigos y, principalmente, cónyuges.
• Los celos y la envidia son manifestaciones censurables del deseo de posesión de personas y de objetos o realizaciones pertinentes a otros.
Precepto moderador:
La observancia de aparigraha no debe inducir a la displicencia para con las propiedades confiadas a nuestro cuidado, ni a la falta de celo para con las personas que queremos bien.

VI. SAUCHAN
• La sexta norma ética del Yôga es sauchan, la limpieza.
• El yôgin debe estar purificado, tanto externa como internamente.
• El baño diario, la higiene de la boca y de los dientes y otras formas comunes de limpieza no son suficientes. Corporalmente, es necesario proceder a la purificación de los órganos internos y de las mucosas, mediante las técnicas del Yôga.
• De poco vale lavar el cuerpo por fuera y por dentro si la persona ingiere alimentos con tasas elevadas de toxinas e impurezas tales como la carne de animales muertos, que entran en proceso de descomposición después de la muerte.
• De la misma manera, cumple que el yôgin no consuma sustancias intoxicantes, que generen dependencia explícita o que alteren el estado de conciencia, aunque tales sustancias sean naturales.
• Aquél que sólo se ocupa de la higiene física no está cumpliendo sauchan. Esta recomendación sólo está satisfactoriamente interpretada cuando se ejerce la práctica de la limpieza interior. Ser limpio psíquica y mentalmente constituye un requisito imprescindible.
• Ser limpio interiormente comprende no alimentar el psiquismo con imágenes, ideas, emociones o pensamientos intoxicantes, tales como tristeza, impaciencia, irritabilidad, odio, celos, envidia, codicia, derrotismo y otros sentimientos inferiores.
• Finalmente, esta norma alcanza su plenitud cuando la limpieza del yôgin se refleja en el medio ambiente, cuyas manifestaciones más próximas son su casa y su lugar de trabajo.
Precepto moderador:
La observancia de sauchan no debe inducir a la intolerancia contra aquéllos que no comprenden la higiene de forma tan abarcante.

VII. SANTÔSHA
• La séptima norma ética del Yôga es santôsha, el contentamiento.
• El yôgin debe cultivar el arte de extraer contentamiento de todas las situaciones.
• El contentamiento y su antítesis, el descontentamiento, son independientes de las circunstancias generadoras. Surgen, crecen y rodean al individuo sólo debido a la existencia del germen de esos sentimientos en la esencia de la personalidad.
• El instructor de Yôga debe manifestar constante contentamiento en relación con sus colegas y expresar eso a través de la solidaridad y apoyo recíproco.
• Discípulo es aquél que cultiva el arte de estar contento con el Maestro que escogió.
Precepto moderador:
La observancia de santôsha no debe inducir al acomodamiento de aquéllos que utilizan el pretexto del contentamiento para no perfeccionarse.

VIII. TAPAS
•  La octava norma ética del Yôga es tapas, la autosuperación.
• El yôgin debe observar constante esfuerzo sobre sí mismo en todos los momentos.
• Ese esfuerzo de autosuperación consiste en una atención constante en el sentido de hacerse mejor cada día y aplicarse a todas las circunstancias.
• El cultivo de la humildad y el de la cortesía constituyen demostración de tapas.
• Mantener la disciplina de la práctica diaria de Yôga es una manifestación de esta norma. Preservarse de una alimentación incompatible con el Yôga es parte de tapas. Contener el impulso de expresar comentarios malintencionados sobre terceros también está comprendido como correcta interpretación de esta observancia.
• La seriedad de no mezclar con el Yôga sistemas, artes o filosofías que el conocimiento de su Maestro desaconseje, es tapas.
• La austeridad de mantener fidelidad a su Maestro constituye la más noble expresión de tapas.
• Tapas es, además, la disciplina que respalda el cumplimiento de las demás normas éticas.
Precepto moderador:
La observancia de tapas no debe inducir al fanatismo ni a la represión y, mucho menos, a cualquier tipo de mortificación.

IX. SWÁDHYÁYA
• La novena norma ética del Yôga es swádhyáya, el auto-estudio.
• El yôgin debe buscar el autoconocimiento mediante la observación de sí mismo.
• Ese auto-estudio también puede ser obtenido a través de la concentración y meditación. Será auxiliado por la lectura de obras indicadas y, en la misma proporción, obstaculizado por libros no recomendados por el orientador competente.
• La convivencia con el Maestro es el mayor estímulo al swádhyáya.
• El auto-estudio debe ser practicado incluso mediante la sociabilidad, la ampliación del círculo de amistades y la profundización del compañerismo.
Precepto moderador:
La observancia de swádhyáya no debe inducir a la alienación del mundo exterior ni a la adopción de actitudes que puedan llevar a comportamientos extraños o que denoten desajustes de la personalidad.

X. ÍSHWARA PRANIDHÁNA
• La décima norma ética del Yôga es íshwara pranidhána, la auto-entrega.
• El yôgin debe estar siempre interiormente seguro y confiado en que la vida sigue su curso, obedeciendo a leyes naturales, y que todo esfuerzo para la autosuperación debe ser conquistado sin ansiedad.
• Durante el empeño de la voluntad y de la dedicación a una tarea, la tensión de la expectativa debe ser neutralizada por la práctica de íshwara pranidhána.
• Cuando la conciencia está tranquila por haber intentado todo y aun así no haber conseguido el resultado ideal; cuando la persona está literalmente imposibilitada de obtener mejores consecuencias, ése es el momento de entregar el fruto de sus acciones a una voluntad mayor que la suya, cuyos designios muchas veces son incomprensibles.
Precepto moderador:
La observancia de íshwara pranidhána no debe inducir al fatalismo ni a la displicencia.

CONCLUSIÓN
El amor y la tolerancia son perlas que enriquecen los mandatos de nuestra ética.
Que este Código no sea causa de desunión.
Que no sea usado para fines de patrullamiento ideológico, discriminación, manipulación ni persecución.
Que ninguna penalidad sea impuesta por ningún grupo a los eventuales transgresores a estas normas. A ellos les bastará la desventura de no usufructuar del privilegio de vivenciarlas.

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